martes, 22 de julio de 2014

Recomendaciones antes del (o para el) fin del verano.


No suelo hacer esta clase de listas, pero este verano he recibido muchas peticiones de recomendaciones y he decidido poner aquí lo que más me ha gustado leer en estos últimos meses (y años).

Mis favoritos de siempre

Susana y los viejos de Marta Sanz: Una de las novelas de la autora que más he disfrutado, por divertida, por variada e irreverente. Un futuro clásico de la literatura española que leí en Edimburgo, añorando mi lengua materna, y a la que volví de cabeza gracias a él.


Cuentos Completos de Lydia Davis: Lydia Davis sorprende por la maestría de su lenguaje, por lo doloroso de su anécdota, por la brevedad de su espada. Seria, inteligente, a caballo entre el ensayo, el relato y el poema: una maestra. También disfruté muchísimo su novela The End of the Story, que pronto se traducirá en España, por suerte. Una autora que cuestiona por qué contamos lo que contamos, y, sobre todo, cómo lo contamos.


Cuentos Completos de Amy Hempel: Quizás este sea el libro que más ha cambiado mi forma de pensar respecto a la escritura y a la vida. Siempre que siento que algo me falta, releo algún cuento. Amy Hempel es la maestra de la falta. Mi libro de cabecera, el que recomendaría mil veces, sobre el que escribí mi tesina de grado por pura devoción y con la esperanza de darla a conocer a alguien más. Una reflexión en torno al dolor y en torno a la vida y a los huecos que a la luz no se ven.

Al faro de Virginia Woolf: Por este libro estudié Filología Inglesa. Por este libro he perseguido faros de ciudad en ciudad, de país en país. Tres años después leí Las Olas (mi segundo favorito), pero, aunque indudablemente más sorprendente en la técnica, no pudo conmoverme tanto como los desencuentros de la familia Ramsay en esa pequeñísima isla de Skye (en la foto). No os perdáis ninguna de las dos.

La pasión según G.H. de Clarice Lispector: Mi libro favorito de Lispector, con un argumento tan básico y clave como la vida misma: la de tomar una decisión crucial, asustados y paralizados, hasta darnos cuenta de que decidir algo o no es más banal que la mera visión del monstruo. Una prosa maravillosa.

La hermana de Katia de Andrés Barba: Así fue como descubrí a Andrés Barba, con este libro valiente, insólito, bello. Acababa de volver de Holanda y vi que una directora holandés había hecho una película cambiando Madrid por Ámsterdam, y que encajaba a la perfección. Ambas ciudades me habían robado el corazón, como el libro de Barba.

El ruido y la furia de William Faulkner: Probablemente, mi libro favorito de toda la carrera. Porque fue el más difícil. Porque fue el que más me costó entender, pero el que más amé después de haberlo trabajado tanto. Hoy se ha convertido en uno de mis libros favoritos.

Novedades 2013/4

Amour Fou de Marta Sanz: un libro diferente, tenaz y valiente de una de mis autoras contemporáneas favoritas. Me sorprendió por su delgadez y por la diferencia entre las voces, que al final alcanzan un punto de encuentro: la locura, el amor, la locura por amor y cómo el mundo a nuestro alrededor nos influye inevitablemente. Lo recomiendo muchísimo.

Alambres de Lola Nieto: diferente, herido; se mete entre las uñas como una aguja invisible hasta clavarse en la piel: esa sería la mejor manera de describir este poemario de Lola Nieto. Saber que te duele. No dónde.

Mis padres: Romeo y Julieta de Pablo Fidalgo: un viaje por Galicia y por los mapas de los corazones de España y de los niños que buscan un árbol genealógico en la historia para explicar los por qués de sus acciones. Muy bello.

La trabajadora de Elvira Navarro: una novela tan necesaria como refrescante y sorprendente en el momento en que vivimos. La primera parte es crucial para entender a la segunda, pero la segunda es delicada, introvertida hasta tal punto que golpea al lector aún más fuerte que la primera. Ha habido muchísimas reseñas sobre ella, pero lo mejor es tener la experiencia de leerlo por primera vez uno mismo... y después volver a empezar.


Ensayos

Cualquiera de estos cuatro ensayos (o los cuatro) me han ayudado en la escritura y los recomendaría a cualquier aspirante a escritor o amante de la buena prosa y una reflexión limpia, atrevida y delicada. Los cuatro giran en torno al tema de la creación y su necesidad (o no), y, en mi opinión, los cuatro forman parte indispensable de cualquier biblioteca.

La baba de caracol de Chantal Maillard

Caminar en un mundo de espejos de Andrés Barba

No tan incendiario de Marta Sanz

Ahora, escribo de Lolita Bosch

Libros que tengo ganas de leer

India de Chantal Maillard.

Bark de Lorrie Moore.

Can't and Won't de Lydia Davis.

I Am China de Xiaolu Guo: en agosto voy a verla a la Feria del Libro de Edimburgo. Hace unas semanas escuché por primera vez su voz en una entrevista de la revista Granta y me encantó cómo ponderaba las respuestas y contestaba cauta pero certera, aún con un fuerte acento chino en su voz.

La débil mental de Ariana Harwicz: Matate, amor me impactó muchísimo el año pasado. Después de haber estado más cerca que nunca del campo este año, me interesa la desgarradora visión de esta autora.

jueves, 3 de julio de 2014

Guía de viajes: Ávila.



(En las fotos, la antigua fábrica hidroeléctrica derruida en la que años después los chavales solían hacer botellón. La Fábrica de Harinas también fue derruida y sobre ella se ha hecho un documental.)

Pegar un chicle en la muralla
y huir.
(Cintia Pérez)

Ávila es la ciudad más castellana y más augusta de toda la meseta colosal. (...) Nunca se siente un ruido fuerte, únicamente el aire pone en sus encrucijadas modulaciones violentas las noches de invierno. (...) Sus calles son estrechas y la mayoría llenas de un frío nevado. (...) Estas plazas las forman dos o tres casonas con tejados de flores amarillas y únicamente un gran balcón. Las puertas cerradas o llenas de sombra, un santo sin brazos en una hornacina, y al fondo la luz de los campos que penetra por una encrucijada miedosa o por alguna puerta de la muralla. En el centro una cruz desquiciada sobre un pedestal en ruinas y unos niños andrajosos que no desentonan con el conjunto. Todo esto bajo un cielo grisáceo y un silencio en que el agua del río suena a chocar constante de espadas.
(Impresiones y paisajes, Federico García Lorca)

Yo nací en la montaña. Es decir, en Ávila. A pesar de que Andrés Barba diga en Caminar en un mundo de espejos (Siruela, 2014) que La ciudad en la que se ha nacido y se ha sido niño es la única ciudad del mundo que uno está incapacitado para censurar, esta quizá sea la ciudad que yo me siento más capacitada para censurar. Es una ciudad donde todos se conocen, donde los extranjeros son descubiertos en la primera mirada. Donde es imposible mentir. De allí huí a los dieciocho años, herida por la muralla en ruinas, a buscar un lugar más amplio, un lugar abierto. No obstante, la gente que ha venido a visitarme queda fascinada por la paz y las ruinas y el frío en el centro de España. Si tuviera que nombrar las dos mejores cosas de Ávila diría: las Tapas y el Mercado Medieval. Por cierto, el gentilicio es abulenses o avileses, que avileñas son las vacas.

El Mercado Medieval (o de las Tres Culturas) tiene lugar el primer fin de semana de septiembre, y es la única vez al año en la que el centro de Ávila está lleno como una metrópolis inmensa. Todo se llena de ruido, color, olor a comida, mercadillos y gente disfrazada. Como en Carnaval, todo el mundo puede ser quien decida ser, al menos por un rato. Pero yo prefiero ser turista en mi propia ciudad y por eso os dejo aquí algunas claves por si venís a pasar un fin de semana a la brisa del Amblés.

La ciudad tiene un centro en el que se distinguen dos plazas: el Chico (Plaza del Mercado Chico), dentro de la muralla, donde está el Ayuntamiento y el mercado de los viernes, y el Grande (Plaza de Santa Teresa), justo delante de la muralla y donde se encuentra la iglesia de San Pedro. Entre ambas se encuentra el recorrido turístico principal, aunque también recomiendo subir a la muralla y visitar los palacios (muchos de ellos renovados convertidos ahora en edificios institucionales, de visita gratuita durante el día; otros, como el de Superunda, renovados para su visita –que deberá abonarse con una colección de cuadros; y otros aún privados, abandonados no abiertos al público, una lástima). La Catedral es de pago, pero por la calle San Segundo se puede acceder gratuitamente a una pequeña capilla de esta (la capilla de San Segundo) que merece la pena.

Si os gusta visitar museos, el Museo Provincial (Plaza Nalvillos, 1) es gratuito sábados y domingos y muestra cómo se vivía en otras épocas; el Convento de Santa Teresa (Plaza de la Santa) y el Museo Santa Teresa (Convento de la Encarnación) muestran cómo vivió la poeta y mística Teresa de Cepeda. El Monasterio Santo Tomás (Plaza de Granada, 1), un poco más lejos del centro, tiene un museo de arte oriental y en verano se organizan ciclos de conciertos al aire libre (a los que recomiendo llevarse una manta). También destaca la Ermita de Sonsoles (Carretera N-403), alejada de la ciudad, a la que se puede llegar dando un paseo con bonitas vistas al valle y en la que hay un cocodrilo disecado que siempre impresiona al que lo ve por primera vez. Las vistas desde allí también merecen la pena.

Por último, uno de mis paseos favoritos es el que va junto al río Adaja y que han arreglado hace unos años. Llegando a los Cuatro Postes, se puede bordear por un camino de tierra y llegar hasta la Presa Fuentes Claras, que tiene unas vistas preciosas en los días de nieve y en los atardeceres.

Los mejores miradores son los Cuatro Postes (esa vista de la muralla nevada que aparece en La sombra del ciprés es alargada, de Delibes) y el del Paseo del Rastro para ver el Valle Amblés y la sierra de Gredos al fondo.

Estos son mis sitios preferidos para ir de tapas, aunque hay muchísimos, muy baratos y las tapas son siempre gratis con cada consumición, así que merece la pena descubrirlos:

La casa de los quesos (Plaza Nalvillos, 2): gran variedad de tapas a base de distintos quesos, productos regionales y cervezas de todo tipo.

Dvinos (Av. Portugal, 24): la favorita de mis visitantes, por la original variedad de tapas a elegir.

Charlotte (Av. Portugal, 15): Versión castellana de los Cien Montaditos. Además tiene meriendas y desayunos.

El mundo es un pañuelo (C/Doctor Jesús Galán, 24): fuera del centro y diminuto, pero las tapas merecen la pena.

La Cigüeña (C/ Cristo de las Batallas, 10) en el barrio de la Estación de Renfe: cervezas importadas de otros países.

El tapeo de Mateo (C/Doctor Fleming, 5): tapas bastante generosas y variadas.

En general la calle San Segundo también es una buena opción, y si queréis probar algo típico os recomiendo las patatas revolconas, con mucho pimentón.

Mis sitios favoritos para comer, que en realidad son poco típicos de la provincia (yo no como carne, así que no os puedo recomendar lugares para comer un buen chuletón).

Soul Kitchen (C/Caballeros, 13): una propuesta nueva y muy agradable que, además de tener una carta de comida y vinos muy variada y asequible (aquí descubrí mi vino favorito, el Dulce Menade), ha acogido recitales de poesía y música. Una cara nueva que necesitaba Ávila.

La Escalera (C/Martín Carramolino, 4): restaurante portugués abierto hace sólo unos meses. Una grata sorpresa. Vino verde, mucho pescado y postres caseros.

Campanello (Plaza Corral de las Campanas s/n): el primer restaurante italiano de Ávila que ha sobrevivido al Telepizza (es verdad). Le han seguido otros dos, pero, personalmente, este es mi favorito.

Para tomar copas:

El Lienzo Norte (Av. de Madrid, 102): espacio chill-out con terraza en el palacio de congresos ideal para tomar una copa en verano por la noche. Aviso: ¡hace viento!

Caramel Lounge (C/San Segundo, 40): También lugar de tapas, propuesta que lleva un par de años funcionando. Los grupos de edades van de 30 en adelante.

El Deli (Delicatessen; Av. Portugal, 9): punto de encuentro de todas las edades y faunas nocturnas de la provincia; en verano abundan los llamados 'camisas de cuadros' (también conocidos como granjero-divorciado-busca-esposa) y en invierno los estudiantes de la Escuela de Policía y de la Escuela de Educación y Turismo de la Universidad de Salamanca (con sede en Ávila).

La gran manzana (Av. Portugal, 47): coctelería que lleva un par de años funcionando.

Para tomar café o dulce:

Vhola! (Plaza de Salamanca, 1 –centro– o Av. de Juan Pablo II, 2 –zona sur–): probablemente uno de los comercios abulenses con más éxito en los últimos años. Los helados están muy buenos, y en invierno hacen gofres, crepes, tés, cafés, etc., todo riquísimo.

La Fortaleza (C/ Reyes Católicos 13): para desayunar, tomar roscón el día de Reyes, tomar café... una buena opción en el centro.

La Flor de Castilla (Plaza José Tomé, 4, aunque también tiene cafetería en el Grande): tienda gourmet y cafetería donde se venden las famosas yemas de Santa Teresa (las auténticas) además de otros productos típicos como membrillo. Adicionalmente se encuentra el primer restaurante japonés de Ávila, Sushi Santa Teresa, un poco caro pero recomedable. Cierra tarde entre semana, cosa difícil de encontrar.

El Tostado (Plaza de la Catedral 10, entrando al Palacio de los Velada): cafetería "secreta" que me descubrió una amiga. Situada en un sótano/cueva, decorada con sofás y maderas y precios muy asequibles.

Otros de mis lugares favoritos son:

Librería Letras (Paseo de San Roque, 12): la única librería especializada en una literatura más alternativa (y local). Organizan presentaciones, venden fanzines y hacen talleres para jóvenes y adultos. Toda una aventura en esta ciudad.

Y por último, mi lugar favorito de Ávila probablemente sea la Biblioteca Pública (Plaza de la Catedral, 3), donde he pasado muchas horas de mi vida y donde se encuentra en su exterior el Episcopio, donde se realizan recitales y obras de teatro en verano. Espero que podáis encontrar algo bello que llevaros cuando vengáis aquí.

lunes, 23 de junio de 2014

Recital en la Biblioteca Pública de Ávila


Salón de actos de la Biblioteca Pública
Plaza de la Catedral 3, Ávila
Viernes 27 de junio a las 19:00 horas

Vuelvo a donde tantas horas pasé durante mi infancia. Leeré poemas de Animal de huida y de la preciosa antología Réquiem por Lolita (Fundación Málaga, 2014) y cuentos y poemas inéditos. 
Allí os espero.

miércoles, 18 de junio de 2014

Guía de viaje: Utrecht.


Ya dijo Adam Zagajewski que los viajes, todos los viajes / eran tan sólo mística para principiantes. Y es verdad. Sin embargo, pensé hace tiempo que qué mejor que hablar de viajes en este blog cuando dominan tanto mi poética y mi vida. Principalmente me defino por dos constantes en mi vida: emilyrobertsescribe y emilyrobertsviaja. Me encanta viajar y descubrir lugares nuevos. Me encanta ser extranjera y extrañarme, y perderme, y compartir mis costumbres con la gente. Me gusta viajar a lugares donde conozco a alguien de allí, o hay algún lugareño que nos indique esos sitios que no son los típicos, visitar cosas que, siendo sólo una turista, no habría encontrado. A mí también me encanta recomendar sitios cuando un amigo se muda a una ciudad en la que he vivido, o va de viaje, o alguien viene a visitarme. Recuerdo las cosas que he vivido allí, o que he dejado allí, en una especie de nostalgia feliz. Así que me he propuesto compartir esta información de los lugares en los que he vivido o he conocido muy de cerca y he disfrutado.

Voy a empezar con Utrecht. Viví diez meses en esta pequeña ciudad holandesa hace ya casi tres años; fue mi destino Erasmus. En realidad, al rellenar la solicitud pedí Holanda porque había estado diez días en Ámsterdam ese verano y me había enamorado de sus calles estrechas y sus canales y sus bicis y sus terrazas improvisadas. Utrecht es una pequeña ciudad de estudiantes con una de las mejores universidades del país (y de Europa) a treinta minutos de Ámsterdam. Utrecht es conocida por su Domtoren, la torre de la catedral y la más alta de Holanda (puede visitarse por dentro y disfrutar de las vistas de la ciudad; confieso que yo no lo hice hasta mayo el año que viví allí) y el Oudegracht, el Viejo Canal que cruza el centro peatonal y que, a diferencia del resto de canales en Holanda, tiene otro nivel donde se encuentran terrazas de bares y restaurantes. No hay nada que les guste más a los holandeses que sentarse en una terraza en cuanto las temperaturas suben de 15º, no llueve y el sol asoma un poco, y en cuanto has vivido allí un tiempo, te vuelves igual.

En la Domplein, además de la Domtoren, se encuentra la catedral (el Dom), con unos jardines y un claustro preciosos que en verano se transforman en café, un memorial al matrimonio homosexual en el centro de la plaza, y el proyecto De Letters van Utrecht, un poema gigantesco que se extiende por toda la ciudad, donde los ciudadanos pueden patrocinar una letra nueva que se va añadiendo. Fuera del centro (fácilmente caminable), merece la pena visitar la Casa Rietveld Schröder (Prins Hendriklaan), diseñada por el famoso arquitecto y con visita guiada (hay que reservar en Internet) y el parque de Wilhelmina, el mas bonito de Utrecht, donde los estudiantes se amontonan, juegan y hacen barbacoas en cuanto se asoma el sol.

Los cafés holandeses son mi debilidad, pues son todos preciosos y cada cual más variopinto y acogedor, personificando la idea misma del gezellig (un ambiente agradable). Aquí sólo hay una selección subjetiva de mis favoritos, por el cariño y los recuerdos que guardo de ellos:

Kafé Bëlgie (Oudegracht), para los amantes de la cerveza. La carta de cervezas ocupa una pared entera. También sirven aperitivos fríos hasta la noche.

'tOude Pothuys (Oudegracht), sorprendentemente no muy conocido por los estudiantes holandeses, por lo que lo suelen frecuentar utrechenses de mayor edad y estudiantes Erasmus. Está en un sótano, por lo que tiene aspecto de cueva, y suelen tocar música en directo (así que a partir de ahí no se puede escuchar nada más). Tiene muy buen ambiente y terraza en verano.

De Witte Ballons (Oudegracht) es uno de los muchos cafés a ambos lados del Oudegracht. Este me gusta personalmente porque las mesas están orientadas hacia las ventanas, que van a dar al mismo canal.

Café Oliviers (Achter Clarenburg) se parece al Kafé Bëlgie (una gran carta de cervezas belgas) pero el bar es mucho más amplio porque está situado en una antigua iglesia. También tiene restaurante.

Café Orloff (Oudegracht) es uno de los cafés con más encanto y más famosos de Utrecht. Está lleno a todas horas y el dibujante Dick Bruna desayuna todos los días allí. 

El La Place del V&D, situado en la azotea del centro comercial Hoog-Catharijne (Centraal Station) es una de las franquicias del restaurante holandés conocido por sus ensaladas, batidos y postres con la consigna del "sírvete tú mismo". Además de ser famosos por sus recetas naturales, también lo son por sus emplazamientos: en Ámsterdam se sitúan en la azotea de la Biblioteca Municipal, y en Utrecht se obtiene una vista panorámica de la ciudad muy agradable cuando se puede comer fuera.

Bakkerswinkel (Wittevrouwenstraat) es mi pastelería favorita, un sitio muy coqueto de inspiración para tomar café, tarta y almuerzos ligeros.

Salir a cenar en Utrecht (y en Holanda en general) no es barato y no es común (los amigos suelen invitarse a casa y cocinar juntos), así que conozco pocos restaurantes. Me quedo con estos dos: 

Theehuis Rhijnauwen (Rhijnauwenselaan, Bunnik), una pannekoekenhuis en medio del bosque, pasado el campus universitario (a unos 5km de Utrecht), donde el plato estrella es un básico de la cocina holandesa: las tortitas (dulces o saladas). En verano tiene terraza y el lugar tiene un encanto mágico.

Sirtaki (Servetstraat, junto a la Domplein) es probablemente el mejor restaurante griego de Utrecht y uno de los mejores restaurantes de la ciudad en general. Tradicional y encantador.

Y como bonus, si queréis comida para llevar o sentaros en algún lugar del canal, los bocadillos de Broodje Mario (Oudegracht y Janskerkhofplein) son famosos en Holanda, y los helados de Roberto Gelato (Poortstraat) también merecen la pena.

Otros lugares que que visitar si estás en Holanda son:

Ámsterdam: la capital, pero creo que se merece una entrada para ella sola.

Giethoorn: o la Venecia verde. Es un pueblecito idílico situado al noreste (cerca de Arnhem) rodeado de canales que se pueden atravesar en barco y de naturaleza. 

Afsluitdijk: el dique que une el extremo noroeste con la provincia de Frisia. Cruzarlo en coche es una experiencia preciosa, con unos paisajes magníficos.

Las islas frisias: yo sólo he ido a Ameland, pero tengo muchas ganas de ver las demás en mi próxima visita a los Países Bajos. En general me gusta mucho visitar islas porque encuentro en ellas un pequeño ecosistema, una forma de vida similar y diferente al país en que se hallan. Ameland tiene un faro situado en un extremo al que se tarda unas dos horas en bicicleta.

Y para terminar, os dejo un poema de Kirsten Stone sobre Utrecht publicado en 3:AM Magazine.

Shorthand

The smell of leeks reminds me of Utrecht in November
the three weeks I spent there with a traveling band of American feminists
eating packets of soup in the hostel lobby, and drinking espresso and smoking inside
so cold always and the leaves a bright red against old brick.
I wore a borrowed coat and we all had nervous breakdowns
I was colder than I had words for, and it was only autumn, thin Southern blood
We read Deleuze in a cement lecture hall and the sky felt too close
the church bells rang anarchy, whenever they felt like it.
We ate leek soup, and chocolate bars in purple paper with a cow on the front.
Extra Romig; I still don’t know what that means.
And I slept in Mahina’s bed every night, partly because I was cold
but also because I wanted to be in love with someone, in this foreign land.
I had to feed strange, ugly coins into a public phone in the middle of the night to call my mother
my voice traveling over six hours and an ocean, a distance that requires abstraction
we talked to each other on two different days.
One night I was lonely and trying to wake Mahina up
so she would move her hand over my hipbone
and still asleep she kissed the back of my neck. The thrill lasted for over an hour;
We should have met at fourteen rather than twenty, we would have been in love then
her goth whimsy drew me in anyway, if I couldn’t be warm I wanted poetry
still homesick, in rural Michigan now, today I remember the Netherlands.

–Kirten Stone (fuente)

domingo, 8 de junio de 2014

Granada.


Avión Málaga-Edimburgo. Abandonar un cielo limpio y derretido. Abandonar el fin del mar, el fin de un país. Encontrar en el lugar un viaje; hacer del viaje un lugar. Elegir un mapa y colorearlo ¿al azar? Desconfiar de las señas, o perderse en ellas. Ahora soy sincera cuando miento, dice Lola Nieto en alambresVolver morena en un avión lleno de guiris quemados y alejarse del mar para ir hacia la isla. Sobrevolar Castilla y reconocer sus campos secos  tan temblorosos. Sobrevolar un país entero y volver con la piel tostada y un deje andaluz en tu acento. Sobrevuelo una ciudad con muchas luces e imagino que es Madrid y que ya no reconoceré a una entre esas miles de lucecitas que veo por la ventanilla. Y después, al norte, ya no se ve el mar entre las nubes. Cuando estoy en otro sitio, se me olvida adónde tengo que volver. O quizás, que tengo que volver. El viaje se me presenta siempre como un fin en sí mismo, sin principio ni final. Como si volver consistiese en recobrar el sentido común. Aterrizar frente a otro mar, libro y medio después, con los pasajeros a mi lado dormitando. Tocar las aguas. Tocar el pequeño mundo que alcanzo.

sábado, 31 de mayo de 2014

La cadena del frío



(Fotografía de Dara Scully)
Este texto lo leí traducido al inglés en el recital de los alumnos del Máster de Escritura Creativa de la Universidad de Edimburgo el 15 de mayo en The Pleasance Cabaret Bar, Edimburgo. Ahora lo comparto con vosotros.
La cadena del frío
–Si te bebes el chocolate tan rápido, te quemarás la lengua –le decían sus padres a la hora de merendar.
Si bebes algo rápido, se acaba. Si arrancas una planta de la tierra, deja de crecer. Su hermano pronto se iba a hacer mayor, decían, pero qué era eso. ¿Dejar de crecer? ¿Dejar de estar clavado a la tierra? Su hermano se estaba haciendo mayor; antes era pequeño, como ella. ¿Adónde iría? ¿Lo arrancarían de sus raíces? No era capaz de imaginar ni un solo día de su vida sin su hermano, así que intentaba que los días pasaran despacio, al igual que conduraba el chocolate con leche de la merienda, para que no se acabara.
Ahora me ves, ahora no me ves.
Su hermano solía esconderse detrás de los árboles para jugar al escondite. Era el hermano mayor. Ella tenía que encontrarlo, y después perseguirlo, y él siempre era más rápido. Siempre era más rápido, porque sabía engañarla y hacer que ella corriera hacia el lado contrario, que ella rodeara el tronco del árbol del jardín para darse cuenta de que ya no estaba allí, de que ahora estaba al otro lado, de que siempre había estado al otro lado, de que siempre seguiría allí.
Cuando encontraron al pajarillo, también él fue más rápido. Ella lo vio y pensó en no decírselo, pero él ya lo había visto y llegó hasta él primero. Lo recogió del suelo. Lo examinó. Ella quería verlo. Se puso de puntillas y se columpió en su brazo para alzarse.
–¿No te da miedo? –le dijo él.
–No. ¿Está herido? ¿Podemos curarlo?
Su hermano lo miró un momento y después dijo:
–Vamos a tener que matarlo.
–¿Por qué?
–Porque tiene que morir.
–¿Por qué?
–¿No ves que se está quedando frío? Una vez que está frío no puede volver a respirar.
–Podemos darle calor –se llevó la mano del hermano a su pecho.
–No, no podemos–su hermano siempre sabía qué hacer.
El hermano puso el pájaro sobre una piedra grande y terminó el trabajo. Fue un abrir y cerrar los ojos, y aunque no quiso mirar y apretó mucho los párpados, los abrió un momento. Ahora lo ves, ahora no lo ves. Miró. Los volvió a cerrar. No quería verlo: esa expresión que tenía su hermano no había estado antes allí. ¿Era así como se hacía uno mayor? Cuando los volvió a abrir el pajarito había desaparecido. Lo había enterrado y, en cuclillas, le estaba haciendo una diminuta tumba de hojas.
–Ven –su hermano le tendió la mano, pero volvió a tener miedo. No quería cogerle la mano. Ya no quería.
– No tiene que darte miedo, está muerto.
–El pájaro no me da miedo.
–¿Entonces?
–No quiero ir –“No quiero ir contigo”, pensó. Se enfadó consigo misma; quería a su hermano más que a nadie, no imaginaba su vida sin él.
–Vamos, no seas tonta –le revolvió el pelo. Como siempre. Su hermano volvía a ser el mismo de siempre, el que se escondía detrás del los árboles y aparecía rápidamente al otro lado. Siempre. Casi siempre.
–Ahora me ves, ahora no me ves.
(Emily Roberts)

lunes, 26 de mayo de 2014

sin medias, sin abrigo: cambios.

i.
Llegó abril y aquí no llevaban medias, ni abrigo. Veo las piernas de un blanco fulminante. Veo los ojos espantados por el viento. Pero sigue siendo invierno. Pero sigo alimentando a los gatos callejeros. En ingles no se puede decir la palabra sobremesa, no se puede pedir el café con leche muy quemado y en vaso de cristal. Quizás si no lo puedes decir te olvidas de ello. De cómo sabe. De cómo funciona.  En inglés, los vientos no tienen nombre. Verano en Escocia: quince grados bajo un sol muy pálido y esperar la noche que nunca llega. El invierno es una enfermedad.

ii.
Se acaban proyectos y empiezan otros nuevos. Se acaba mi columna en Tribuna de Ávila (este jueves saldrá la última) pero empiezan nuevas ilusiones. Han sido dos años preciosos dedicados a hablar de lo que más me gusta–la literatura– que agradezco que hayáis compartido conmigo. He aquí una muestra de lo que llega:
~Réquiem por Lolita (Fundación Málaga, 2014): preciosa antología joven de poesía española. Almudena Vega recopila los primeros pasos de poetas que acaban de echar a andar.
~Obituario #14: Emily Dickinson: una gran revista dedicada a una gran poeta.
~Rain Press Edinburgh: un colectivo autogestionado recién nacido con sede en Edimburgo.
(Y más.)

iii.
Y por último, una pequeña recomendación: La Plaquette, librería online con tienda física en Logroño donde la selección es de lo más diversa y diferente de las grandes librerías. Se especializa en poesía de editoriales independientes. Porque se necesitan más proyectos así.

viernes, 9 de mayo de 2014

Durness.


Hands are unbearably beautiful.
They hold on to things. They let things go.
(Mary Ruefle)

He llegado al fin. Y cuanto más desolado el paisaje, más me gusta. Y cuanto más inhóspito, menos importa el grito. El paisaje desolado y las señales aisladas que dicen: usted está aquí. Todas las cosas que dijiste siguen allí. Arañando el viento. Arañando el bordillo. Cómo ibas a apagar la luz sin luz. Todo lo que no podía perderse, decía yo, toda la magia, sólo era un truco de prestidigitador
que ahora repites de memoria
chasqueando los dedos de la mano.

miércoles, 7 de mayo de 2014

El joven enfermo.


–La muerte es el silencio.
(Alejandro Morellón)

extraño la cama, extraño esta ciudad,
extraño tu cara.
Es decir
se me hace extraño no dormir en la ciudad, o
no me acuerdo exactamente de tu cara.
(Yasmín C. Moreno)


un cuerpo arrastrando
piel boca abajo

que se abre en canal

como dos brazos
mecen
un cuchillo latiendo
(María Mercromina)

¿Es la juventud la que nos hace estar enfermos o la que nos salva de la enfermedad? ¿Y de qué valdrá la enfermedad en un futuro, o en un presente? ¿Por qué la obsesión con la enfermedad y con el futuro? ¿Es ser joven una enfermedad que marca y distrae? La poesía joven en ocasiones se valora como un adelanto "de lo que está por venir", en vez de valorarla por lo que es, y lo que es ahora, en este instante en el que los jóvenes tienen algo que decir: aquí, ahora. La noche en que caemos (Éolas, 2013), de Alejandro Morellón  retrata a personajes insomnes, a personajes que duermen toda la vida, a personajes sin hogar, en suma, a personajes que buscan una identidad perdida o tal vez inexistentes. El miedo al amor y la falta de contacto con la realidad son algunos de los síntomas que se transforman en enfermedades con consecuencias para su integridad física. En El beneficio de la enfermedad (Ártese quién pueda, 2013), Yasmín C. Moreno se pregunta: ¿Es esto la salud,/ excitarse/ mirándose al/ espejo? Se trata de querer hacer daño. Querer hacerse daño. Buscar la agencia, y perderse a una misma en el camino: adónde se fue toda esa parte de yo mientras adelgazaba./ y luego// adónde se fueron los huesos El hastío y la repetición se repiten como causas de esta enfermedad invisible que los transita: Un continuo recrear la infancia.// El resto.// En eso se basaba la vida. Apuestas (La Bella Varsovia, 2014) colecciona los más diversos miedos y patologías, bien recibidas como una herencia o imagen del mundo exterior, bien replicadas a voluntad (consciente o inconscientemente): Aludía a la simbología del cántaro roto.// Me rompía todo lo que puede romperse/ la inmensidad del mar en las rocas. (Sandra Martínez) Exalta la búsqueda de ficciones, pues sabemos que aún el cuerpo inmaculado parece un jueguete al llegar al mundo: Mi cuerpo es de mentira porque ahora mismo/ está sin pintar. (María López Pousa) E incluso propone posibles soluciones: Renacer, renacer, renacer, renacer,/ pero no humana. (Belén Benito) Significa llegar. Significa abrirse. Aceptar el reto; enfermar y no morir.

lunes, 5 de mayo de 2014

Donde empezamos, llovió.


¿Qué temblor te da más miedo?
El temblor de las manos.
¿Por qué te da miedo?
Porque es el que está más cerca.
¿Cómo te da miedo?
Así. Mira. Así.
¿Cuándo está más cerca?
Ahora.
¿Dónde?
Aquí: Mira cómo tiemblan.