lunes, 14 de abril de 2014

Dos maneras de enfrentar la pérdida: Anna Kavan y Elena Ferrante.


(The Drover's Wife, Russell Drysdale, 1945)

Mis dos descubrimientos de los últimos seis meses son Anna Kavan y Elena Ferrante.

Elena Ferrante ha sido traducida recientemente y publicada en español, pero empecé a estudiar italiano por ella y para poder leer La Frantumaglia, un carta de la autora muy corta e interesante que actualmente sólo está disponible en italiano; su único testimonio no literario. Porque Ferrante es tremendamente personal, que no autobiográfica. Sus Crónicas del desamor me repelieron y me fascinaron a partes iguales, me engancharon como una adicción enfermiza e hicieron que me quisiera quedar para siempre escondida en ese universo de contradicciones y dolores cuya lengua me atraía como un canto. Siempre la pérdida, y siempre el regreso a una infancia napolitana, a un sitio que aún no conocía el desamor, pero lo adivinaba.

Ana Kavan suena a rusa, pero es británica. Quizás suena a rusa porque tanto ella como sus historias parecen una matrioska, donde cada secreto desvelado es más pequeño pero mas impresionante. Su nombre se lo puso ella misma y viene de uno de sus propios personajes de ficción. En Ice seguimos a un narrador perdido en un mundo post-apocalíptico. Irreconocible pero familiar. En un mundo helado pero con un fuego ardiendo en su interior que le empuja a seguir adelante, a reclamar el daño (refugiándose en el de otro).

Ambas tienen en común el retrato de espacios góticos, donde el extrañamiento de lo familiar es la principal causa de terror. De lo que estaba, pero ya no está, o peor aún: cambia. Este terror es, a su vez, síntoma de una sociedad que no acoge, que asfixia, que destierra al mínimo fallo de una tuerca en su mecanismo. Es ese extrañamiento lo que les permite observar cómo se desencajan las distintas bisagras que conforman ¿su? personalidad y descubrimos que realmente muchas veces somos aquello que los demás quieren, y lo tétrico que resulta que lose afectos se conviertan en el mayor medio de control. Una vez solas, la realidad se convierte en ese territorio árido y sin explorar, donde ser recién llegados es una amenaza y perder al ser amado significa perderse a uno mismo.

Ambas escriben sobre aquel lugar que no empieza, sobre ese paisaje que destierra, sobre esa visita que nos obliga a marcharnos. Aventurar el paso. Ser víctima y ser verdugo. Nublarse la vista. Perseguirnos sin saber por qué no queremos irnos de aquí.

viernes, 11 de abril de 2014

I Encuentro de novelistas en Ávila.



El próximo 26 de abril se celebrará en Ávila el I Encuentro de novelistas. El encuentro está organizado por los tres escritores abulenses César Díaz Serrano, Cristóbal Medina y Alfredo Rodríguez y tendrá lugar en el Episcopio. Durante toda la jornada se discutirá la situación de la literatura en Ávila y las estrategias que pueden llevarse a cabo para fomentar la literatura en los ámbitos públicos. Habrá dos mesas redondas tituladas “La novela en Ávila. El camino de los nuevos escritores” y “Los medios de comunicación y la novela”. También se podrá disfrutar de coloquios con escritores locales, como Noemí Valiente o Rubén Negro, e invitados de otras partes de España, así como de compañeros de oficio ya sean editores, gestores culturales, libreros o blogueros. La entrada es gratuita y el programa completo estará disponible pronto.


Me hace mucha ilusión que se lleven a cabo este tipo de actividades en la ciudad. Sus organizadores me invitaron a participar, pero lamentablemente no estaré en España en esas fechas, por lo que me ofrecí a apoyarles desde la distancia. Aquí os traigo unas breves palabras que intercambié con ellos y algo de información sobre sus trayectorias literarias. Pronto más.

Cristóbal Medina Montero (Aranda de Duero, 1960), ha vivido en Ávila la mayor parte de su vida. Licenciado en Historia y apasionado por la narrativa, trabaja como administrativo, habiendo ejercido de profesor de Enseñanza Secundaria. Publicó su primera novela, titulada El Inmaterial, en 2008; relato de intriga y misterio, que lleva al lector a cuestionarse los interrogantes sobre la existencia en la vida material. Con Lo demás es cosa vana aborda el género de la novela histórica, posibilitando que el lector se deje llevar, en sus diferentes niveles de lectura, a través de la aventura, la intriga amorosa y las decisiones morales, en un viaje hacia lo desconocido, tanto geográfica como culturalmente. (http://www.cristobalmedina.es)

Alfredo Rodríguez Blázquez, abulense de 54 años, autor de Intentando ser feliz… a ratos (2013), presenta el próximo 15 de Abril en el Auditorio de San Francisco su segundo libro. Una novela ambientada en la posguerra española donde nos narra la historia de hombres y mujeres que han de luchar por buscar su espacio en el nuevo régimen implantado por los vencedores de la guerra civil. Es articulista habitual de medios escritos en la sección de los lectores opinan, y pronto tendrá una columna de opinión en la sección Miradas, del periódico digital abulense Avilared. Diplomado  en la especialidad de Ciencias Humanas, casi toda su carrera profesional la ha realizado en Ávila.

César Díez Serrano, nacido en Valencia hace 28 años, aunque se considera abulense, ya que ha pasado toda su vida entre murallas. Es Ingeniero Informático, y comenzó a escribir ante la imposibilidad de encontrar trabajo. Debutó en 2012 con La edad de Acuario, que tuvo gran acogida de crítica y público. A finales de 2013 lanzó su segunda parte La edad de Acuario II: El misterio de Ana Bolena. Ambas son novelas de investigación y aventuras, que tienen como principal objetivo trasladar al lector a los escenarios donde transcurren. Sus trabajos han sido presentados a lo largo del panorama nacional, e incluso en Londres el pasado Diciembre, gracias a la colaboración de la Brompton Library del barrio de Kensington & Chelsea. Cree en una literatura fresca, accesible para todos, que entretenga,  pero también transmita. (http://www.laedaddeacuario.com)


¿Cómo surgió esta idea de crear el Encuentro?
Cristóbal: La idea surgió de César Díez, que ha participado en algo similar organizado por la editorial para la que publica, Éride, en Valladolid. Nos lo propuso a Alfredo y a mí, y enseguida nos entusiasmamos con ello. Juntos hemos hecho partícipes a otros escritores, librerías, periodistas, editoriales y críticos, encontrando siempre una respuesta muy positiva.
Alfredo: Nace de una idea de César Díez, que tuvo una experiencia similar en Valladolid.
 César: Tras participar en el encuentro nacional de escritores de Valladolid promovido por Éride Ediciones, me pregunté porque no podríamos organizar algo igual en Ávila.  Necesitamos despertar la novela en Ávila y no basta con ser meros espectadores, aplaudiendo o criticando lo que se hace o no se hace;  tenemos que convertirnos en parte activa.   Lo hablamos entre los tres y a todos nos encantó la idea. Nos pusimos manos a la obra y aquí estamos.

¿Qué objetivos se pretenden cumplir?
Cristóbal: Se trata de un encuentro de novelistas y, en esencia, pretendemos tomar contacto entre nosotros para compartir experiencias. Somos gentes inquietas que hemos decidido tomarnos en serio la narrativa e intentamos abrirnos hueco en el difícil mundo de la publicación de nuestras obras. Pero sabemos que un novelista no es un “ente” aislado; necesita de otros sectores sociales, entre los que están los periodistas, las editoriales, las librerías, los críticos y, sobre todo, el público, lector potencial, al que pretendemos darnos a conocer y romper el techo de cristal que nos separa.
Alfredo: El más importante de todos es dar a conocer al público abulense que hay escritores locales que también tienen algo que decir en este difícil mundo de las letras, sin olvidar que es una manera de intentar acercar al lector y al autor, algo que siempre redundará en beneficio de la literatura.
César: Principalmente queremos aunar fuerzas e implicar a todas las partes que conforman el mundo novelístico en Ávila.  Me ha sorprendido mucho que individualmente todo el mundo  tenga las mismas “quejas” y las mismas “ganas”, pero al final hagan la guerra por su cuenta o simplemente, se queden dormidos.  Por eso hemos decidido contar con representantes de los medios, editoriales, blogs literarios, libreros, políticos y por supuesto escritores, para intentar remar todos en la misma dirección  desde diferentes ángulos.

¿Por qué habéis escogido el género de la novela?
Cristóbal: Hacemos un encuentro de novelistas porque es el género en el que estamos publicando los tres organizadores nuestras primeras obras y consideramos que los otros géneros son lo suficientemente diferentes como para hacer una convocatoria tan sectorial. En mi caso también escribo relatos y poesía, aunque lo que más me gusta es la novela, ya que me da la oportunidad de crear mundos imaginados, con cuya complejidad puedo jugar para transmitir mis pensamientos sobre la vida en general. Además, es lo que más me divierte a la hora de escribir, ya que disfruto según van tomando cuerpo las tramas que he imaginado con anterioridad, comprobando cómo va creciendo poco a poco el relato, como si de un hijo se tratara.
Alfredo: Intuyo que si el encuentro hablase de escritores sin más, todo podría ser mucho más complejo.
César: Es el género en el que nos movemos, pero, además, entendemos que es el más atractivo para el “lector potencial”, ese que no lee habitualmente.  En la última década, los principales éxitos en cine o series nacen de novelas  (El Señor de los anillos, Harry Potter, Los juegos del hambre, Los pilares de la tierra...) y creemos que realmente se puede hacer partícipe a muchas más personas de este modo.

Desde mi experiencia propia cuando estudiaba en Ávila hace algunos años, la literatura era despreciada por la mayoría jóvenes hasta el punto de que era mejor que hicieras cualquier otra cosa que leer o escribir. No sucedía lo mismo con otras artes (pintura, música) o deportes. ¿A qué creéis que se debe este rechazo? ¿Cómo creéis que se podría acercar la literatura a los jóvenes, o, al menos, crear un espacio para los que ya disfrutan de ella?
Cristóbal: Debe ser algo generacional, porque en mi época, casi prehistórica, la literatura era algo muy importante. Nos hacían leer a los clásicos y yo los admiraba. Puedo entender que en tu generación, con la predominancia de los medios audiovisuales, la televisión, videojuegos o las redes sociales de Internet, la forma de ver el entretenimiento ha cambiado. Los deportes os interesan porque es una forma de descansar de actividades más sedentarias. La lectura, por otro lado, requiere un periodo de aprendizaje que hace trabajoso “entrar” en un libro para entender la historia. Comprendo que tener al alcance de la mano una alternativa más fácil y cómoda genera un hándicap para la lectura. La única solución es procurar que los jóvenes tengan un aprendizaje gratificante, no forzándoles a lecturas difíciles, sino orientándoles a aquello con lo que obtengan más satisfacción. Ellos mismos se darán cuenta, cuando su lectura sea fluida, de que tienen un universo de temas para divertirse y crecer espiritualmente.
Alfredo: Es difícil contestar con concreción a esta pregunta. La literatura es algo que debe mamarse en la escuela, acercarse a ella tiene mucho que ver con las enseñanzas escolares, y a partir de ahí se habrá logrado un interés real por parte de los jóvenes. Leer, si te enseñan, es descubrir un mundo nuevo y abrirte al conocimiento
César: Pienso sinceramente que el sistema educativo actual hace que la escritura y la literatura se conviertan en una obligación y ahí nace el problema.  Igual que muy poca gente pasa el tiempo haciendo logaritmos o leyendo biología, se ha metido la literatura en este saco. La gente tiene que leer, sí, pero tiene que leer lo que le apetezca y lo que le haga sentir.  En la vida hay épocas para leer clásicos, obras profundas, novelas más comerciales… Hay que leer, eso es todo. A mí me hubiera encantado que en el colegio con 13 años me hubieran invitado a leer El Hobbit en lugar de la Celestina, porque realmente me habría motivado. La Celestina, obviamente hay que conocerla, pero no es la vía para enganchar a un adolescente o joven.

¿Qué opináis de la escena literaria abulense?
Cristóbal: Creo que es brillante y numerosa. Hay un importante grupo de poetas (José Pulido, José María Muñoz Quirós, Ovidio Pérez, Carlos Reviejo, Miguel Velayos… y me dejo decenas por nombrar) muy dispares entre sí. Tenemos a un decano novelista, Jiménez Lozano, y una larguísima lista de escritores nuevos, entre los que nos encontramos nosotros mismos, los cinco abulenses que participamos en el encuentro, y muchos más que están publicando sus primeras obras, o que aún no lo han hecho, y de los que no quiero hacer relación por no ser injusto con los que olvide. Esperemos que puedan protagonizar próximas ediciones de nuestro encuentro.
Alfredo: Como escritor novel que soy, a pesar de mis años, mis primeros contactos con la literatura, y la cultura de forma directa, están siendo éstos. Ahora voy conociendo que algo se mueve en Ávila desde el punto de vista de la literatura. Obviamente conozco a grandes escritores abulenses de géneros distintos, pero nunca tuve relación con este mundo hasta que publiqué mi primer libro
César: En el ámbito de la novela, creo que la falta de unión hace que exista pero no se note.  He podido leer las obras de la mayoría de los participantes en el encuentro y no tienen nada que envidiar a los títulos que vemos en las grandes librerías (obviamente, para gustos los colores).  Necesitamos creer en nosotros y colaborar. No es normal que nuestros títulos estén en la Casa del Libro o El Corte Inglés y no los encontremos en muchas librerías de Ávila, o los tengan guardados en el cajón. Nos hemos encontrado muchas puertas cerradas:  por ejemplo, cuando viene un escritor foráneo, la repercusión es mucho mayor a nivel de la ciudad. 

¿Qué caminos está siguiendo o podría seguir para estar más presente en la agenda cultural de la ciudad?
Cristóbal: Tenemos la suerte de contar en las instituciones más cercanas con gente que es muy activa, que promueven continuamente encuentros culturales y dan todo tipo de facilidades a quienes tienen una iniciativa. Ahí están, por ejemplo, el Ayuntamiento, la Fundación Caja de Ávila, o asociaciones culturales, como Ávila Abierta, a la que pertenezco.
Alfredo: Eventos como éste abren puertas a los escritores abulenses, y si el Ayuntamiento sigue colaborando, se pueden hacer varias presentaciones por las diferentes bibliotecas Municipales, y, por supuesto, movernos en colectivos como las asociaciones de vecinos para presentar nuestros trabajos.
César: Actualmente, gracias a la Concejalía de Cultura, asociaciones culturales o a particulares como Librería Letras, siempre hay algún evento en Ávila y es de agradecer.  Pero creemos que queda mucho camino por recorrer; no podemos ser conformistas.  Nuestro siguiente paso será la creación de una asociación de novelistas,  que nos permitirá seguir alimentando este tipo de actos.   

¿Qué puede ofrecer esta ciudad que no pueda hacerlo otra?
Cristóbal: Supongo que Ávila no puede ofrecer nada que no pueda ofrecer otra ciudad, ya que el patrimonio artístico y monumental no dice nada, si no se le da vida. Lo que nos diferencia es que Ávila tiene una población muy participativa, que lo está demostrando continuamente con la asistencia masiva a muchos eventos que se están programando diariamente, dándose muchas coincidencias de agenda entre diversos actos culturales, con la sorpresa de que generalmente todos están llenos.
Alfredo: Ávila es nuestra ciudad, nuestra patria chica, y eso hace que al ser una ciudad pequeña se nos conozca aunque sea simplemente de vista. Eso invita a la curiosidad en muchos casos, y de ahí a que puedan leer tu obra ya queda un poquito menos. En otras ciudades nuestros nombres dicen poco, excepto quizá el de César que se mueve mucho y bien por círculos culturales de otras ciudades a través de su editorial.
César: El hecho de ser una ciudad pequeña facilita en mucho nuestro camino. Si nos organizamos un poco, vamos varios pasos por delante que en otros lugares más grandes. Nos conocemos todos y todo es más accesible.  Es más fácil llegar a los medios de comunicación, conocer al resto de escritores, tratar con el ayuntamiento, promocionarte… Por nuestra parte no va a quedar.

¿Celebraréis otro encuentro al año que viene?
Cristóbal: Esa es la idea, pero habrá que esperar la respuesta de los abulenses y ver si es algo que les interesa. Por nuestra parte haremos todo lo posible para que sea un éxito.
Alfredo: Cómo es lógico dependerá del resultado y de la aceptación que tenga el mismo en los medios, en los lectores, y en el público en general
César: Si el público responde, nosotros seguiremos adelante e intentando que cada año sea más potente.

(Publicado originalmente en Tribuna de Ávila. Edimburgo, abril de 2014)

jueves, 10 de abril de 2014

La extrañeza de fotografiar lo cotidiano.




Nyasha knew nothing about leaving. She had only been taken to places - to the mission, to England, back to the mission. She did not know what essential parts of you stayed behind no matter how violently you tried to dislodge them in order to take them with you.
(Tsitsi Dangarembga, Nervous Conditions)



lunes, 31 de marzo de 2014

Para enviar muy lejos.

(Click para ampliar)

Ilustración de Ana Arias Ruiz y texto de Emily Roberts para Colectivo Postal. Echad un vistazo a su web para conseguir la versión impresa de este precioso proyecto para devolver la vida al correo. Mil gracias a Edén y a Carmen.

Cuaderno de viaje: irse lejos para estar cerca.


Nada sabía yo de aquel lugar. Un río infinito. Un pasado hondo y desposeído. Unos sueños que aún no han perdido la batalla. Todo lo que tenía era tu voz. Mi vida al borde del abismo y unas calles llenas de gente. Y el polvo, ¿ves cómo el polvo lo cubre todo? Los edificios, los cuerpos, el miedo.

1. Cartas a casa: en otro lugar.

Hace unas semanas recité por primera vez en inglés. Estaba nerviosa, claro. A la presión añadida del acto escénico se le añadía la de usar una lengua que no es mi idioma materno. Pensaba entonces en mi acento. En la historia que había escrito, y en lo difícil que me resultó traducirla al español, aun cuando siento que bajo mi uso de la lengua inglesa late el español.

Cuando estoy aquí, la idea del allí se hace más fuerte: siento la imperiosa necesidad de decir que soy de allí. Pero cuando estoy allí, tengo que decir que estoy aquí, porque siento que eso cambia algo, que dice algo de mí. Y de lo que veo, o precisamente no veo, aquí y allí.

Los lugares pueden tomar la forma de ideas. De historias. Los lugares no pasan desapercibidos: somos tiempo y memoria, pero sobre todo somos espacio. Ya sea una foto en una postal (imaginada o no), un lugar de paso en el que observamos o el lugar en que nacimos, todos son clave a la hora de contar una historia, pues lo que sucede aquí no podría haber sucedido allí. No del mismo modo. La distancia hace cambiar la mirada.

No es lo mismo tampoco escribir aquí que allí. No es lo mismo escribir de un lugar de allí que de otro allí. No es lo mismo la distancia, la recepción, los ojos nuevos con los que mis compañeros leen esas historias del extranjero donde ellos son "exóticos". Quién lo habría imaginado. Sin embargo, estas diferencias traen también la universalidad. Los puntos de encuentro. Y las formas de leer, tan idiosincrásicas como las historias trae cada uno en su equipaje.

2. Algo prestado: en otra lengua.

Escribir en otra lengua se parece en ocasiones a llevar puesto algo prestado. En todo momento eres consciente de que estás usando algo que no es tuyo, que a veces te queda grande y a veces pequeño, que lo has intercambiado por otro y existe el riesgo de perder lo que es tuyo, de no volver a tener nada tuyo de verdad, porque vives en tierra de nadie. También, al mismo tiempo, te sientes mucho más rica, porque conoces al menos dos formas de decir lo mismo. Por otro lado, esto te hace darte cuenta de que el lenguaje es meramente representativo y de lo unidos que van lenguaje y forma de vida de la mano.

El inglés es algo prestado, un juguete brillante y ajeno cuyo funcionamiento descubro a traspiés y va mucho más allá de las clases de gramática o incluso de de desarrollar un argumento científico en ese idioma.

Hace poco estuve en una conferencia sobre escritoras inmigrantes en Escocia en la que la sudanesa Leila Aboulela dijo "Un escritor va hacia donde están las palabras nuevas". Y de cómo la escritura puede ser una raíz que te ancla y te acompaña a cada sitio que vayas, por ajeno que sea. Y también hay cosas que una vez que dices en otro idioma dejan de pertenecerte del todo, si es que alguna vez lo hicieron.

jueves, 20 de marzo de 2014

Contaron otras historias.


(Universidad de Edimburgo, 2014)

La semana pasada presentamos este librito con las colaboraciones de todos los alumnos del máster en The Wash Bar (Edimburgo). Fue la primera vez que recité en inglés. No pude haberme sentido más en casa. Los que no pudisteis estar y estéis interesados en los textos, podéis conseguir una copia en papel contactando conmigo o descargándolo en PDF por una pequeña donación (dirigida a organizar más eventos e iniciativas como esta) en nuestra página web, que además incluye pequeños fragmentos e información sobre los autores. El texto estará disponible de manera limitada hasta septiembre. Espero que os guste.

jueves, 6 de marzo de 2014

Portobello.


(Foto de Irene S.)

Aquí persigo las horas blancas. La juventud. La higiene en los pulmones.
No sabíamos cuál era el plan, ni si podríamos volver. Quise llegar al fin del mundo y me encontré unas manos cerradas. Miré mis palmas:
Las paredes mojadas, las esquinas del mar, la claridad del barro, la herida seca.
No sé cómo traducir.

martes, 18 de febrero de 2014

Expresiones del invierno.


La cara del traidor puede ser bella, limpia, imposible de interpretar
(...)
odiar a quien se ama, amar al que se odia pero con moho blanco en las plumas
(Birgitta Trotzig)


Si no tuviera que despertarme, nunca apagaría la luz. ¿Hasta qué punto llegaría el cansancio? ¿Y la terquedad? ¿Y la diversión? Te recuerdo como nunca lo hice: perseguido por el viento. Discutíamos el sí. Preveíamos el no. La claridad de la nieve recibe un nombre en el santoral que la hará limpia. La luz degollará la montaña. Nos tendremos que volver a mudar y tú te habrás llevado mi corcel.

He vivido en cuatro casas; ahora vivo en la quinta. No sé qué hogar me depara el futuro. He vivido en cuatro casas y el olor de cada una era distinto; también yo fui alguien distinto en ellas a pesar de llevar las mismas ropas. ¿Cómo conservar los recuerdos? El invierno se limpiaba contra la pared dejando un color diferente en cada una; las zarigüeyas aprendían a diseccionar las cucarachas de una forma nueva. Los amuletos al cuello pesaban demasiado. Las horas pasan limpias e inescrutables.

¿Quién es ese tan ciego que no nos promete nada?

viernes, 24 de enero de 2014

La belleza de lo ajeno.

Una mano me acaricia y desaparece
como un caballo que entra en la niebla. 
El calor de su existencia perdura. 
Pero puede ser un engaño. 
Solo el cuerpo sabe su verdad.
(Natalia Litvinova)

Cuando se distrajo, aparecí yo: así comienza el poemario Todo ajeno (Vaso Roto, 2013) de Natalia Litvinova. Un canto a la belleza de lo ajeno, de eso que no podemos amarrar. No recuerdo haber tenido otro nacimiento. Así, el nacimiento propio está en el descubrimiento del otro, en esa dimensión ajena de nosotros mismos. En el hueco de las manos. En el hueco de las pupilas. En el hueco de la luz: la luz desperdiciada en la dimensión de tus ojos. Esperando, también, que lo ajeno se vaya y no regrese: ¿Qué hacen los hombres de mi pasado, / qué ciudades destruyen? Lo ajeno está llamado a la destrucción. Y sin embargo, la destrucción de Litvinova es una destrucción íntima, doméstica y por lo tanto apenas visible; el lector observa los últimos rayos de luz que caen sobre el suelo de una casa a través de un visillo. En esa brevedad de lo ajeno, en esa predisposición a perderse, yace el recuerdo que habitará para siempre, cuya vejez tendremos que inventar:
Estás envejeciendo en mis sueños, la nieve te dibuja canas.

Litvinova crea esta belleza extraña tras reconocerse en lo ajeno: porque ya estaba allí. De eso se trataba: Abrí la puerta para pasar al otro lado. / Pero ya estaba allí. 

Así, termina Litvinova este intento de nombrar los accidentes, intentando capturar el vacío por un momento, pues lo ajeno siempre nos parece más bello:

De eso se trataba 
Mi abuelo cuatro veces muerto en la prisión regresó a casa. 
Mirándolo a lo ojos nos preguntamos dónde estaba. 
No sé por qué en los libros las guerras se escriben con mayúsculas 
y no la lluvia u otras cosas que humedecen.


Noticias:

sábado, 18 de enero de 2014

ese abismo que es un grito.

Ahí, en el infinito círculo,
vuelta tras vuelta
¿estoy mas cerca del final o dónde quedó el principio?
(Marta Gómez Garrido, "Laberinto")

Conocí a Marta Gómez Garrido en la presentación de la antología Atlas poético (Cuadernos del Laberinto, 2013) en el Matadero, y desde entonces no hemos dejado de encontrarnos. Recuerdo que ella, Julieta Pellicer y yo éramos las más jóvenes, y en seguida hubo algo que hizo click, aunque ni siquiera había tenido tiempo de leerlas. Luego nos entrevistaron a las tres en Radio 21, lo que se convirtió en otra ocasión de hablar y de compartir opiniones. Hace apenas dos meses, Marta publicó Cartas de sal en Cuadernos del Laberinto. Javier Fernández, que dirige el programa literario de Radio 21, nos convocó a las dos para hablar de Animal de huida y de Cartas de sal. Mi primer viaje del 2014: cruzar la Paramera de Gredos en la boca cerrada del ocaso azul. Me gustan las entrevistas que se convierten en charlas y puestas en común. Me gusta el poemario de Marta, que conseguí allí. De eso os he venido a hablar.

Cartas de sal es en realidad una sola carta dividida en capítulos. Una novela-poemario o un poemario epistolar. A quien está dirigido, no importa. Precisamente se trata de eso: aunque quisiéramos que importara, no importa. Es imposible abrazar el recuerdo. Obligarle a que se quede. Acallar la decepción y la espera eterna junto al teléfono. Dar vueltas, y vueltas, y vueltas. Si dar vueltas no ayuda. Si las esquinas son redondas, y no hay puertas, y no hay donde fijar la luz. Si queremos salir, pero aún no nos hemos decidido a entrar:

¿Acaso quieres salir?
No te he sentido abandonarme
en balsa por las piernas.

El silencio es azul. Y al llegar al fin del mundo, ¿qué encontramos?

La sal. Este es el patrimonio de Marta, y de cualquiera que sienta que alguna vez ha naufragado. Pero para conocer el fin del mundo tienes que llegar hasta allí:

Sí,
he llegado hasta el fin del mundo,
sola,
sin ti,
sin nadie,
y estaba justo allí,
donde lo dejé.

Pongo cuerpo a este viaje hasta el fin del mundo de Marta Gómez Garrido. Me dejo caer. Ella es voz.