domingo, 19 de octubre de 2014

Persigues el amor de la montaña.


(Fort Augustus, Escocia)
Maybe when people longed for a thing that bad the longing made them trust in anything that might give it to them. 
(Carson McCullers)

domingo, 12 de octubre de 2014

El pájaro está en la bañera.


Caxtons are mechanical birds with many wings
and some are treasured for their markings–

they cause the eyes to melt
or the body to shriek without pain.

I have never seen one fly, but
sometimes they perch on the hand.

(De "A Martian Sends a Postcard Home", Craig Raine)

Cuando el techo se rompió, entraba agua, así que si querías bañarte, el agua tenía que estar muy muy caliente, porque si llovía (y siempre llovía), el agua fría goteaba desde la grieta hasta la bañera. No creíamos que tuviéramos que arreglarlo, porque se acercaba la primavera y todos decían que ese invierno estaba siendo muy bueno: no nevó.

Después empezamos a encontrar plumas azules y ramitas en la bañera. Hasta que lo vimos: un día bajó a visitarnos y se quedó allí, y cuando queríamos bañarnos, le preguntábamos al pájaro qué tal estaba el agua: ¿demasiado fría? ¿demasiado caliente? ¿qué significa realmente templado?

*

En mi Facebook siguen saliéndome los anuncios en inglés, lo que hace que eche de menos Edimburgo. O, más bien, mis memorias allí. Cada vez que te marchas de un lugar, te llevas algo y dejas algo tuyo. Como si todas las piezas no se desplazaran a la vez, y quizá algunas vuelvan y otras se queden dando vueltas para siempre en la cinta de recogida de equipajes. Ojalá no se queden en la cinta de equipajes, sino que alguien se las lleven y le sirvan para algo.

Hace un año me mudaba y ahora también. Hace un año terminaba un libro y ahora también. Hace un año viajaba y ahora también. Pero todo es distinto.

*

Ahora ya no hay nada que recordar.


Más:


jueves, 28 de agosto de 2014

Volver.


Because it's what happens at home that you try to protect as best as you can, for as long as you can.
(Alice Munro, Runaway)

Todo está en su sitio. Vuelvo a leer a Alice Munro. Retomo un libro que dejé empezado cuando me marché. La casa está extrañamente limpia, Madrid está extrañamente vacío, el tren extrañamente solo.  El ruido no suena; el río desaparece. En la oficina del paro me dicen, Eso en Ávila no existe. Todo es igual, o parecido. Todo es como lo recuerdo, no como era. Empiezo a recordar mi idioma. ¿No será recordar construirlo de nuevo? Como no ser. O ser Otra. Ahora también yo hablo distinto.

martes, 26 de agosto de 2014

Guía de viaje: Edimburgo


Edimburgo (del britónico Din Eidyn, "Fuerte de Eidyn") es también conocida como la Atenas del Norte, debido, entre otras cosas, al monumento sin acabar de Calton Hill. A pesar de ser la capital de Escocia, Edimburgo es una ciudad mediana (medio millón de habitantes) y bastante recogida, por lo que lo principal se puede ver en un par de días. Recomiendo hacer el free tour el primer día para localizar los sitios principales del centro y aprender su historia, y, una vez que estemos orientados, deambular libremente según nuestros interesas. En Edimburgo se distingue la Ciudad Vieja (Old Town), del medievo, y la Ciudad Nueva (New Town), construida por los ingleses en la Ilustración. Están separadas por los Princes Street Gardens y unidas por el North Bridge y el Mound. Edimburgo tiene un emplazamiento especial (lo que también hace que su tiempo sea especial), pues se encuentra al nivel del mar entre dos volcanes extintos, Calton Hill y Arthur's Seat, a los cuales se puede subir para disfrutar de una maravillosa vista de la ciudad. Para los que les guste el senderismo, las Pentland Hills están a media hora en bus del centro de la ciudad. Edimburgo es también un importante centro cultural y literario (fue nombrada la primera Ciudad de la Literatura de la UNESCO), y en verano podemos llegar a volvernos locos por la extensa oferta de actividades en el Festival Internacional de Edimburgo, el Fringe Festival de teatro y arte en la calle, el Edinburgh Book Festival (uno de los mejores y más completos festivales de literatura del mundo), el Festival de Cine y el Festival de Jazz, además de su gran variedad de museos y actividades de interior.

Uno de los atractivos turísticos alternativos de Edimburgo es el Water of Leith Walk, un paseo de unos 35 km que recorre la orilla del río de Edimburgo, el Water of Leith. El itinerario más recomendado son los últimos 15km, a partir de la Galería de Arte Moderno hasta desembocar en el puerto de Leith. El paseo se encuentra sumergido en plena naturaleza a pesar de encontrarse a diez minutos escasos del centro, y atraviesa algunos puntos de interés como el Real Jardín Botánico o mi favorito, el Dean's Village. Este es un antiguo pueblo de molineros donde se fabricaba la harina para llevarla luego a Edimburgo. Las construcciones medievales se han conservado y reconstruido hoy en día en apartamentos de lujo.

Portobello, además de ser un famoso barrio de Londres, es también el barrio costero (antes otra municipalidad). Debido a las temperaturas, puede ser difícil encontrar un día para bañarse, pero al estar alejado del centro (40 minutos desde Princes Street en la línea 26) y ser poco conocido, siempre viene bien para un paseo tranquilo a la orilla del mar. Allí está uno de mis cafés favoritos de Edimburgo, Beach House (57 Bath Street) y un pub con jardín que suele tener música en directo, el Dalriada (77 Promenade).

Cramond Island, al noroeste de la ciudad, consiste en una pequeña isla despoblada (salvo por okupas en tiendas de campaña, ya que en Escocia es legal acampar en cualquier sitio que sea propiedad pública) a la que se puede acceder atravesando una pasarela que queda cubierta por la marea cuando esta sube. Es importante comprobar las horas de subida y bajada de la marea para no quedarse atrapado. Se pueden mirar en Internet (Cramond Beach Tides), y se puede llegar en bus hasta Cramond o Silverknowles y después caminar hasta la playa. No tiene pérdida. Cramond es un pueblecito residencial y antiguo puerto pesquero donde hoy en día residen algunas personalidades tan conocidas como J.K. Rowling. Cerca de la playa encontraréis cafés y pubs para descansar y tomar algo caliente, o el perpetuo carrito de los helados si hace mejor tiempo.

New Haven Lighthouse, al norte de la ciudad y al oeste del conocido puerto de Leith (en la foto) es un pequeño puerto adyacente donde se encuentra el faro de Edimburgo, que es quizá uno de los faros más pequeños que he visto nunca. No hay mucho que hacer por la zona, aunque hay un par de restaurantes donde tomarse algo y contemplar el atardecer con unas maravillosas vistas.

Muy cerquita de Edimburgo, a tan sólo media hora en autobús o quince minutos en tren, se encuentra South Queensferry, un pueblecito pesquero y de veraneo con mucho encanto y la mejor vista de los puentes que cruzan el Firth of Forth (el fiordo o la bahía de Forth), el conocido Forth Bridge de hierro rojo para ferrocarril, construido en el siglo XIX.

Edimburgo está repleto de mercadillos y de tiendas de segunda mano (las charities) que merece la pena investigar. A mí lo que más me gusta es el mercado de comida, especialmente el de Stockbridge (todos los domingos de 9 a 2 de la tarde, más o menos). Stockbridge es un barrio con sabor propio a pesar de estar a diez minutos del centro. En el mercado podréis encontrar delicatessens de todo Edimburgo, dulces, pasta y hasta una auténtica paella española. Muchos de estos puestos se encuentran también el sábado por la mañana en el mercado de Grassmarket, aunque, al estar en una zona mucho más turística, hay más gente y se puede disfrutar con menos tranquilidad. El Water of Leith Walk también pasa por Stockbridge, y en el barrio hay muchas tiendas de segunda mano y cafés que merece la pena descubrir.

A pesar de lo que se dice sobre la comida anglosajona (que es sosa, que es insulsa, que se compone de fritos y pimienta...) los británicos sacan mucho partido a las recetas internacionales. Si queréis comida de pub tradicional, recomiendo Doctor's (32 Forrest Rorad), frente a la facultad de Medicina, y Blackbird (Leven Street), más alejado del centro, aunque en general se come bien en todos. Si tenéis suerte con el tiempo, también podéis hacer un picnic en los Meadows.

The Outsider (15 George IV Bridge): nueva apuesta de cocina internacional con muy buen gusto y una decoración agradable. El menú del almuerzo es asequible; la cena un poquito más cara, pero merece la pena.

Under the Stairs (3A Merchant Street): restaurante-coctelería con encanto en el centro de Edimburgo y a unos precios muy razonables. La carta cambia cada temporada. Muy recomendable. Hay que reservar.

Vittoria (19 George IV Bridge): mejor restaurante italiano de Edimburgo (con dueños y camareros italianos).

Tex Mex II (64 Thistle Street): la comida mexicana es popular en Escocia (en su particular versión). Este en concreto es uno de los que más me gustaron. Es muy pequeño, así que hay que reservar.

Suruchi (14a Nicholson Street): la comida india es muy popular en Reino Unido, pero quizá este sea uno de los mejores restaurantes indios que he probado, con buena relación calidad-precio y buen ambiente.

David Ban (56-58 St Mary's Street): vegetariano de autor.

Tang's (44 Candlemaker Row): comida japonesa con muy buena relación calidad-precio.

Hula Juice Bar (West Bow, esquina con Grassmarket): bar de zumos con desayunos, postres y almuerzos ligeros. Un ambiente muy agradable en pleno centro.

Edimburgo tiene una inmensidad de cafeterías y teterías por descubrir. Aquí os dejo una selección de mis favoritas. Cierran a las 6 de la tarde, así que nada de confiarse con el famoso té de las cinco.

Eteaquet (41 Frederick Street): probablemente mi tetería favorita, por su encanto, su larguísima carta de tés, sus scones y sus tartas. Recomiendo ir a probar el afternoon tea (un scone y una tarta o un sándwich). También venden artículos para el hogar y tés. 100% escocés.

Lovecrumbs (155 West Port): pastelería famosa por sus tartas recién hechas y su espacio acogedor. Me encanta el sitio en el alféizar de la ventana. A veces son un poco lentos porque hay mucha demanda, pero la espera merece la pena.

Black Medicine (2 Nicholson Street): una de mis cafeterías favoritas por su ambiente relajado a pesar de encontrarse en pleno centro. Su café mocca es uno de los mejores de la ciudad.

Peter's Yard (27 Simpson Loan, Middle Meadow Walk): pastelería de inspiración sueca con terraza junto a los Meadows y una buena selección de dulces.

Brew Lab (6-8 South College Street): probablemente el mejor café de Edimburgo, aunque un poco caro y un sitio bastante pequeño. Tienen tartas de Lovecrumbs y sopas caseras.

The Chocolate Tree (123 Bruntsfield Place): la tienda con el mejor chocolate de autor de la ciudad, a unos precios razonables. Tiene un par de mesitas para sentarse a tomar chocolate caliente si se tiene suerte.

Looking Glass Books (36 Simpson Loan): entrañable cafetería-librería con una buena selección de calidad y una impresionante agenda de eventos culturales y literarios.

Golden Hare (102 West Bow): otra pequeña librería en el corazón de Grassmarket que puede pasar desapercibida. Tienen una buena selección tanto de literatura escocesa como internacional, especialmente en poesía y ensayo. Para libros de segunda mano, a lo largo de West Port y del barrio de la universidad encontraréis una infinidad de librerías de viejo.

Se dice que la fiesta de Edimburgo no es la mejor, ya que Glasgow se lleva toda la escena musical y gran parte de la escena nocturna. Las discotecas de Edimburgo no son nada impresionantes, pero sí los pubs, donde se puede disfrutar de música en directo cada noche escogiendo entre una gran variedad. Las dos zonas principales para salir están en Old Town, ya sea en Grassmarket (más turística) o Cowgate (estudiantil), y en New Town, donde suben un poco más los precios al estar situados todos los locales en la lujosa George Street. Estos son algunos de mis pubs favoritos, aunque la lista es interminable. Normalmente piden identificación para saber si eres mayor de edad, y el DNI de España no suelen aceptarlo, así que recomiendo llevar pasaporte o carnet de conducir europeo.

Finnegan's Wake (9B Victoria Street): irlandés espacioso y con buena música en directo.

Three Sisters (139 Cowgate): pub conocido en Edimburgo por sus tres pisos diferentes y patio para el verano. La sala de la asociación de estudiantes de la Napier University es la más barata.

Jekyll & Hyde (112 Hanover Street): famoso por sus cócteles y su decoración de cuento gótico de terror. Los baños se encuentran detrás de una librería, y los cócteles llevan nombres como "los siete pecados capitales" o "los cuatro jinetes del apocalipsis". También tienen un escenario para monólogos o conciertos.

The Bow Bar (80 West Bow): uno de los pubs más pequeños de Edimburgo y donde la carta de cervezas cambia cada semana. Las mesas son diminutas y para comer sólo sirven pies. 

Dragonfly (52 West Port): sitio de cócteles a buen precio.

Jazz Bar (1A Chambers Street): mi discoteca favorita porque tocan jazz... ¡en directo! Pero hay sitio para bailar, tomar copas, sentarse y pasar un buen rato con música de calidad. El programa y el horario (que depende del primero) puede consultarse en su web.

Si viajáis más de una semana a Escocia, entonces merecerá la pena alquilar un coche y recorrer los sitios emblemáticos de las Highlands. Estos son mis favoritos, aunque hay muchísimos sitios más que no he tenido tiempo de visitar.

Lago Ness: visita imprescindible. Además de visitarlo desde Inverness, ver el castillo de Urquhart y hacer un pequeño tour en barco, recomiendo el menos turístico (al menos en invierno) Fort August.

Isla de Skye: una isla con encanto mágico, con sus carreteras de un solo carril y dos direcciones. Se visita desde Portree, la capital y puerto pesquero. Yo recorrí el noreste y el noroeste de la isla, y me encantó Neist Point, el faro al noreste donde está situada la novela de Virginia Woolf, Al faro.

Durness: la ciudad más al noroeste de Gran Bretaña se trata en realidad de un colectivo granjero con una pequeña colonia de artistas y alfareros y una gran extensión de playas y arenales. El paisaje de páramos y fiordos es sobrecogedor. La visita al cabo de la Ira (Cape Warth) merece muchísimo la pena para observar los acantilados más altos de Gran Bretaña. También se pueden ver colonias de focas, frailecillos del Atlántico y ciervos.

domingo, 24 de agosto de 2014

Diario de verano (II).


(Galicia)


(Peña de Francia)


(Sanabria)


(Edimburgo)


(Biblioteca Pública de Ávila)

Todo empezó en otra ciudad y en otra vida, anterior a ésta de ahora pero posterior a aquélla. Por eso no puedo escribir esta historia como yo quisiera –como si todavía estuviera ahí y fuera sólo esa otra persona–. 

(Valeria Luiselli, Los ingrávidos)


(Y un cuestionario aquí)




sábado, 26 de julio de 2014

Diario de verano.


El Camino de Santiago huele. A campo y a Campo. A sudor y a los cerdos llorando en ese matadero que nos encontró en medio de la nada. A albergue. A tarta y a los ungüentos de la madre de Ana. Al hospital de Santiago donde una practicante inyecta un calmante sin receta. El olor del botafumeiro durante la misa. En Santiago compro una postal de las Dos Marías, porque pienso que ser famosa en provincias tiene que ser algo así: algo escandaloso e inapropiado y alegre. En el hostal, maleteo en busca de mis pertenencias más civilizadas, mientras un americano duerme inmutable en su cama mientras el resto del hostal festeja algo, ¿haber llegado? No tener que caminar más, o caminar, ahora sí, voluntariamente: en el dolor de los músculos y las extremidades. Duermo, aunque bajo el hostal de Santiago huele a fiesta y huele a bar y a despreocupación, y duermo como si no hubiera dormido en cien años.

El olor del mar al fin en Coruña. La bella saudade coruñesa y los rascacielos marítimos bajo el chaparrón, como si en realidad tuvieran sus raíces en el fondo del mar. Desde allí corrimos hasta la rosa de los vientos, nos paramos en su centro y dejamos que ella decidiese por nosotras el próximo destino. El viento nos cierra los ojos.

martes, 22 de julio de 2014

Recomendaciones antes del (o para el) fin del verano.


No suelo hacer esta clase de listas, pero este verano he recibido muchas peticiones de recomendaciones y he decidido poner aquí lo que más me ha gustado leer en estos últimos meses (y años).

Mis favoritos de siempre

Susana y los viejos de Marta Sanz: Una de las novelas de la autora que más he disfrutado, por divertida, por variada e irreverente. Un futuro clásico de la literatura española que leí en Edimburgo, añorando mi lengua materna, y a la que volví de cabeza gracias a él.


Cuentos Completos de Lydia Davis: Lydia Davis sorprende por la maestría de su lenguaje, por lo doloroso de su anécdota, por la brevedad de su espada. Seria, inteligente, a caballo entre el ensayo, el relato y el poema: una maestra. También disfruté muchísimo su novela The End of the Story, que pronto se traducirá en España, por suerte. Una autora que cuestiona por qué contamos lo que contamos, y, sobre todo, cómo lo contamos.


Cuentos Completos de Amy Hempel: Quizás este sea el libro que más ha cambiado mi forma de pensar respecto a la escritura y a la vida. Siempre que siento que algo me falta, releo algún cuento. Amy Hempel es la maestra de la falta. Mi libro de cabecera, el que recomendaría mil veces, sobre el que escribí mi tesina de grado por pura devoción y con la esperanza de darla a conocer a alguien más. Una reflexión en torno al dolor y en torno a la vida y a los huecos que a la luz no se ven.

Al faro de Virginia Woolf: Por este libro estudié Filología Inglesa. Por este libro he perseguido faros de ciudad en ciudad, de país en país. Tres años después leí Las Olas (mi segundo favorito), pero, aunque indudablemente más sorprendente en la técnica, no pudo conmoverme tanto como los desencuentros de la familia Ramsay en esa pequeñísima isla de Skye (en la foto). No os perdáis ninguna de las dos.

La pasión según G.H. de Clarice Lispector: Mi libro favorito de Lispector, con un argumento tan básico y clave como la vida misma: la de tomar una decisión crucial, asustados y paralizados, hasta darnos cuenta de que decidir algo o no es más banal que la mera visión del monstruo. Una prosa maravillosa.

La hermana de Katia de Andrés Barba: Así fue como descubrí a Andrés Barba, con este libro valiente, insólito, bello. Acababa de volver de Holanda y vi que una directora holandés había hecho una película cambiando Madrid por Ámsterdam, y que encajaba a la perfección. Ambas ciudades me habían robado el corazón, como el libro de Barba.

El ruido y la furia de William Faulkner: Probablemente, mi libro favorito de toda la carrera. Porque fue el más difícil. Porque fue el que más me costó entender, pero el que más amé después de haberlo trabajado tanto. Hoy se ha convertido en uno de mis libros favoritos.

Novedades 2013/4

Amour Fou de Marta Sanz: un libro diferente, tenaz y valiente de una de mis autoras contemporáneas favoritas. Me sorprendió por su delgadez y por la diferencia entre las voces, que al final alcanzan un punto de encuentro: la locura, el amor, la locura por amor y cómo el mundo a nuestro alrededor nos influye inevitablemente. Lo recomiendo muchísimo.

Alambres de Lola Nieto: diferente, herido; se mete entre las uñas como una aguja invisible hasta clavarse en la piel: esa sería la mejor manera de describir este poemario de Lola Nieto. Saber que te duele. No dónde.

Mis padres: Romeo y Julieta de Pablo Fidalgo: un viaje por Galicia y por los mapas de los corazones de España y de los niños que buscan un árbol genealógico en la historia para explicar los por qués de sus acciones. Muy bello.

La trabajadora de Elvira Navarro: una novela tan necesaria como refrescante y sorprendente en el momento en que vivimos. La primera parte es crucial para entender a la segunda, pero la segunda es delicada, introvertida hasta tal punto que golpea al lector aún más fuerte que la primera. Ha habido muchísimas reseñas sobre ella, pero lo mejor es tener la experiencia de leerlo por primera vez uno mismo... y después volver a empezar.


Ensayos

Cualquiera de estos cuatro ensayos (o los cuatro) me han ayudado en la escritura y los recomendaría a cualquier aspirante a escritor o amante de la buena prosa y una reflexión limpia, atrevida y delicada. Los cuatro giran en torno al tema de la creación y su necesidad (o no), y, en mi opinión, los cuatro forman parte indispensable de cualquier biblioteca.

La baba de caracol de Chantal Maillard

Caminar en un mundo de espejos de Andrés Barba

No tan incendiario de Marta Sanz

Ahora, escribo de Lolita Bosch

Libros que tengo ganas de leer

India de Chantal Maillard.

Bark de Lorrie Moore.

Can't and Won't de Lydia Davis.

I Am China de Xiaolu Guo: en agosto voy a verla a la Feria del Libro de Edimburgo. Hace unas semanas escuché por primera vez su voz en una entrevista de la revista Granta y me encantó cómo ponderaba las respuestas y contestaba cauta pero certera, aún con un fuerte acento chino en su voz.

La débil mental de Ariana Harwicz: Matate, amor me impactó muchísimo el año pasado. Después de haber estado más cerca que nunca del campo este año, me interesa la desgarradora visión de esta autora.

jueves, 3 de julio de 2014

Guía de viajes: Ávila.



(En las fotos, la antigua fábrica hidroeléctrica derruida en la que años después los chavales solían hacer botellón. La Fábrica de Harinas también fue derruida y sobre ella se ha hecho un documental.)

Pegar un chicle en la muralla
y huir.
(Cintia Pérez)

Ávila es la ciudad más castellana y más augusta de toda la meseta colosal. (...) Nunca se siente un ruido fuerte, únicamente el aire pone en sus encrucijadas modulaciones violentas las noches de invierno. (...) Sus calles son estrechas y la mayoría llenas de un frío nevado. (...) Estas plazas las forman dos o tres casonas con tejados de flores amarillas y únicamente un gran balcón. Las puertas cerradas o llenas de sombra, un santo sin brazos en una hornacina, y al fondo la luz de los campos que penetra por una encrucijada miedosa o por alguna puerta de la muralla. En el centro una cruz desquiciada sobre un pedestal en ruinas y unos niños andrajosos que no desentonan con el conjunto. Todo esto bajo un cielo grisáceo y un silencio en que el agua del río suena a chocar constante de espadas.
(Impresiones y paisajes, Federico García Lorca)

Yo nací en la montaña. Es decir, en Ávila. A pesar de que Andrés Barba diga en Caminar en un mundo de espejos (Siruela, 2014) que La ciudad en la que se ha nacido y se ha sido niño es la única ciudad del mundo que uno está incapacitado para censurar, esta quizá sea la ciudad que yo me siento más capacitada para censurar. Es una ciudad donde todos se conocen, donde los extranjeros son descubiertos en la primera mirada. Donde es imposible mentir. De allí huí a los dieciocho años, herida por la muralla en ruinas, a buscar un lugar más amplio, un lugar abierto. No obstante, la gente que ha venido a visitarme queda fascinada por la paz y las ruinas y el frío en el centro de España. Si tuviera que nombrar las dos mejores cosas de Ávila diría: las Tapas y el Mercado Medieval. Por cierto, el gentilicio es abulenses o avileses, que avileñas son las vacas.

El Mercado Medieval (o de las Tres Culturas) tiene lugar el primer fin de semana de septiembre, y es la única vez al año en la que el centro de Ávila está lleno como una metrópolis inmensa. Todo se llena de ruido, color, olor a comida, mercadillos y gente disfrazada. Como en Carnaval, todo el mundo puede ser quien decida ser, al menos por un rato. Pero yo prefiero ser turista en mi propia ciudad y por eso os dejo aquí algunas claves por si venís a pasar un fin de semana a la brisa del Amblés.

La ciudad tiene un centro en el que se distinguen dos plazas: el Chico (Plaza del Mercado Chico), dentro de la muralla, donde está el Ayuntamiento y el mercado de los viernes, y el Grande (Plaza de Santa Teresa), justo delante de la muralla y donde se encuentra la iglesia de San Pedro. Entre ambas se encuentra el recorrido turístico principal, aunque también recomiendo subir a la muralla y visitar los palacios (muchos de ellos renovados convertidos ahora en edificios institucionales, de visita gratuita durante el día; otros, como el de Superunda, renovados para su visita –que deberá abonarse con una colección de cuadros; y otros aún privados, abandonados no abiertos al público, una lástima). La Catedral es de pago, pero por la calle San Segundo se puede acceder gratuitamente a una pequeña capilla de esta (la capilla de San Segundo) que merece la pena.

Si os gusta visitar museos, el Museo Provincial (Plaza Nalvillos, 1) es gratuito sábados y domingos y muestra cómo se vivía en otras épocas; el Convento de Santa Teresa (Plaza de la Santa) y el Museo Santa Teresa (Convento de la Encarnación) muestran cómo vivió la poeta y mística Teresa de Cepeda. El Monasterio Santo Tomás (Plaza de Granada, 1), un poco más lejos del centro, tiene un museo de arte oriental y en verano se organizan ciclos de conciertos al aire libre (a los que recomiendo llevarse una manta). También destaca la Ermita de Sonsoles (Carretera N-403), alejada de la ciudad, a la que se puede llegar dando un paseo con bonitas vistas al valle y en la que hay un cocodrilo disecado que siempre impresiona al que lo ve por primera vez. Las vistas desde allí también merecen la pena.

Por último, uno de mis paseos favoritos es el que va junto al río Adaja y que han arreglado hace unos años. Llegando a los Cuatro Postes, se puede bordear por un camino de tierra y llegar hasta la Presa Fuentes Claras, que tiene unas vistas preciosas en los días de nieve y en los atardeceres.

Los mejores miradores son los Cuatro Postes (esa vista de la muralla nevada que aparece en La sombra del ciprés es alargada, de Delibes) y el del Paseo del Rastro para ver el Valle Amblés y la sierra de Gredos al fondo.

Estos son mis sitios preferidos para ir de tapas, aunque hay muchísimos, muy baratos y las tapas son siempre gratis con cada consumición, así que merece la pena descubrirlos:

La casa de los quesos (Plaza Nalvillos, 2): gran variedad de tapas a base de distintos quesos, productos regionales y cervezas de todo tipo.

Dvinos (Av. Portugal, 24): la favorita de mis visitantes, por la original variedad de tapas a elegir.

Charlotte (Av. Portugal, 15): Versión castellana de los Cien Montaditos. Además tiene meriendas y desayunos.

El mundo es un pañuelo (C/Doctor Jesús Galán, 24): fuera del centro y diminuto, pero las tapas merecen la pena.

La Cigüeña (C/ Cristo de las Batallas, 10) en el barrio de la Estación de Renfe: cervezas importadas de otros países.

El tapeo de Mateo (C/Doctor Fleming, 5): tapas bastante generosas y variadas.

En general la calle San Segundo también es una buena opción, y si queréis probar algo típico os recomiendo las patatas revolconas, con mucho pimentón.

Mis sitios favoritos para comer, que en realidad son poco típicos de la provincia (yo no como carne, así que no os puedo recomendar lugares para comer un buen chuletón).

Soul Kitchen (C/Caballeros, 13): una propuesta nueva y muy agradable que, además de tener una carta de comida y vinos muy variada y asequible (aquí descubrí mi vino favorito, el Dulce Menade), ha acogido recitales de poesía y música. Una cara nueva que necesitaba Ávila.

La Escalera (C/Martín Carramolino, 4): restaurante portugués abierto hace sólo unos meses. Una grata sorpresa. Vino verde, mucho pescado y postres caseros.

Campanello (Plaza Corral de las Campanas s/n): el primer restaurante italiano de Ávila que ha sobrevivido al Telepizza (es verdad). Le han seguido otros dos, pero, personalmente, este es mi favorito.

Para tomar copas:

El Lienzo Norte (Av. de Madrid, 102): espacio chill-out con terraza en el palacio de congresos ideal para tomar una copa en verano por la noche. Aviso: ¡hace viento!

Caramel Lounge (C/San Segundo, 40): También lugar de tapas, propuesta que lleva un par de años funcionando. Los grupos de edades van de 30 en adelante.

El Deli (Delicatessen; Av. Portugal, 9): punto de encuentro de todas las edades y faunas nocturnas de la provincia; en verano abundan los llamados 'camisas de cuadros' (también conocidos como granjero-divorciado-busca-esposa) y en invierno los estudiantes de la Escuela de Policía y de la Escuela de Educación y Turismo de la Universidad de Salamanca (con sede en Ávila).

La gran manzana (Av. Portugal, 47): coctelería que lleva un par de años funcionando.

Para tomar café o dulce:

Vhola! (Plaza de Salamanca, 1 –centro– o Av. de Juan Pablo II, 2 –zona sur–): probablemente uno de los comercios abulenses con más éxito en los últimos años. Los helados están muy buenos, y en invierno hacen gofres, crepes, tés, cafés, etc., todo riquísimo.

La Fortaleza (C/ Reyes Católicos 13): para desayunar, tomar roscón el día de Reyes, tomar café... una buena opción en el centro.

La Flor de Castilla (Plaza José Tomé, 4, aunque también tiene cafetería en el Grande): tienda gourmet y cafetería donde se venden las famosas yemas de Santa Teresa (las auténticas) además de otros productos típicos como membrillo. Adicionalmente se encuentra el primer restaurante japonés de Ávila, Sushi Santa Teresa, un poco caro pero recomedable. Cierra tarde entre semana, cosa difícil de encontrar.

El Tostado (Plaza de la Catedral 10, entrando al Palacio de los Velada): cafetería "secreta" que me descubrió una amiga. Situada en un sótano/cueva, decorada con sofás y maderas y precios muy asequibles.

Otros de mis lugares favoritos son:

Librería Letras (Paseo de San Roque, 12): la única librería especializada en una literatura más alternativa (y local). Organizan presentaciones, venden fanzines y hacen talleres para jóvenes y adultos. Toda una aventura en esta ciudad.

Y por último, mi lugar favorito de Ávila probablemente sea la Biblioteca Pública (Plaza de la Catedral, 3), donde he pasado muchas horas de mi vida y donde se encuentra en su exterior el Episcopio, donde se realizan recitales y obras de teatro en verano. Espero que podáis encontrar algo bello que llevaros cuando vengáis aquí.

lunes, 23 de junio de 2014

Recital en la Biblioteca Pública de Ávila


Salón de actos de la Biblioteca Pública
Plaza de la Catedral 3, Ávila
Viernes 27 de junio a las 19:00 horas

Vuelvo a donde tantas horas pasé durante mi infancia. Leeré poemas de Animal de huida y de la preciosa antología Réquiem por Lolita (Fundación Málaga, 2014) y cuentos y poemas inéditos. 
Allí os espero.

miércoles, 18 de junio de 2014

Guía de viaje: Utrecht.


Ya dijo Adam Zagajewski que los viajes, todos los viajes / eran tan sólo mística para principiantes. Y es verdad. Sin embargo, pensé hace tiempo que qué mejor que hablar de viajes en este blog cuando dominan tanto mi poética y mi vida. Principalmente me defino por dos constantes en mi vida: emilyrobertsescribe y emilyrobertsviaja. Me encanta viajar y descubrir lugares nuevos. Me encanta ser extranjera y extrañarme, y perderme, y compartir mis costumbres con la gente. Me gusta viajar a lugares donde conozco a alguien de allí, o hay algún lugareño que nos indique esos sitios que no son los típicos, visitar cosas que, siendo sólo una turista, no habría encontrado. A mí también me encanta recomendar sitios cuando un amigo se muda a una ciudad en la que he vivido, o va de viaje, o alguien viene a visitarme. Recuerdo las cosas que he vivido allí, o que he dejado allí, en una especie de nostalgia feliz. Así que me he propuesto compartir esta información de los lugares en los que he vivido o he conocido muy de cerca y he disfrutado.

Voy a empezar con Utrecht. Viví diez meses en esta pequeña ciudad holandesa hace ya casi tres años; fue mi destino Erasmus. En realidad, al rellenar la solicitud pedí Holanda porque había estado diez días en Ámsterdam ese verano y me había enamorado de sus calles estrechas y sus canales y sus bicis y sus terrazas improvisadas. Utrecht es una pequeña ciudad de estudiantes con una de las mejores universidades del país (y de Europa) a treinta minutos de Ámsterdam. Utrecht es conocida por su Domtoren, la torre de la catedral y la más alta de Holanda (puede visitarse por dentro y disfrutar de las vistas de la ciudad; confieso que yo no lo hice hasta mayo el año que viví allí) y el Oudegracht, el Viejo Canal que cruza el centro peatonal y que, a diferencia del resto de canales en Holanda, tiene otro nivel donde se encuentran terrazas de bares y restaurantes. No hay nada que les guste más a los holandeses que sentarse en una terraza en cuanto las temperaturas suben de 15º, no llueve y el sol asoma un poco, y en cuanto has vivido allí un tiempo, te vuelves igual.

En la Domplein, además de la Domtoren, se encuentra la catedral (el Dom), con unos jardines y un claustro preciosos que en verano se transforman en café, un memorial al matrimonio homosexual en el centro de la plaza, y el proyecto De Letters van Utrecht, un poema gigantesco que se extiende por toda la ciudad, donde los ciudadanos pueden patrocinar una letra nueva que se va añadiendo. Fuera del centro (fácilmente caminable), merece la pena visitar la Casa Rietveld Schröder (Prins Hendriklaan), diseñada por el famoso arquitecto y con visita guiada (hay que reservar en Internet) y el parque de Wilhelmina, el mas bonito de Utrecht, donde los estudiantes se amontonan, juegan y hacen barbacoas en cuanto se asoma el sol.

Los cafés holandeses son mi debilidad, pues son todos preciosos y cada cual más variopinto y acogedor, personificando la idea misma del gezellig (un ambiente agradable). Aquí sólo hay una selección subjetiva de mis favoritos, por el cariño y los recuerdos que guardo de ellos:

Kafé Bëlgie (Oudegracht), para los amantes de la cerveza. La carta de cervezas ocupa una pared entera. También sirven aperitivos fríos hasta la noche.

'tOude Pothuys (Oudegracht), sorprendentemente no muy conocido por los estudiantes holandeses, por lo que lo suelen frecuentar utrechenses de mayor edad y estudiantes Erasmus. Está en un sótano, por lo que tiene aspecto de cueva, y suelen tocar música en directo (así que a partir de ahí no se puede escuchar nada más). Tiene muy buen ambiente y terraza en verano.

De Witte Ballons (Oudegracht) es uno de los muchos cafés a ambos lados del Oudegracht. Este me gusta personalmente porque las mesas están orientadas hacia las ventanas, que van a dar al mismo canal.

Café Oliviers (Achter Clarenburg) se parece al Kafé Bëlgie (una gran carta de cervezas belgas) pero el bar es mucho más amplio porque está situado en una antigua iglesia. También tiene restaurante.

Café Orloff (Oudegracht) es uno de los cafés con más encanto y más famosos de Utrecht. Está lleno a todas horas y el dibujante Dick Bruna desayuna todos los días allí. 

El La Place del V&D, situado en la azotea del centro comercial Hoog-Catharijne (Centraal Station) es una de las franquicias del restaurante holandés conocido por sus ensaladas, batidos y postres con la consigna del "sírvete tú mismo". Además de ser famosos por sus recetas naturales, también lo son por sus emplazamientos: en Ámsterdam se sitúan en la azotea de la Biblioteca Municipal, y en Utrecht se obtiene una vista panorámica de la ciudad muy agradable cuando se puede comer fuera.

Bakkerswinkel (Wittevrouwenstraat) es mi pastelería favorita, un sitio muy coqueto de inspiración para tomar café, tarta y almuerzos ligeros.

Salir a cenar en Utrecht (y en Holanda en general) no es barato y no es común (los amigos suelen invitarse a casa y cocinar juntos), así que conozco pocos restaurantes. Me quedo con estos dos: 

Theehuis Rhijnauwen (Rhijnauwenselaan, Bunnik), una pannekoekenhuis en medio del bosque, pasado el campus universitario (a unos 5km de Utrecht), donde el plato estrella es un básico de la cocina holandesa: las tortitas (dulces o saladas). En verano tiene terraza y el lugar tiene un encanto mágico.

Sirtaki (Servetstraat, junto a la Domplein) es probablemente el mejor restaurante griego de Utrecht y uno de los mejores restaurantes de la ciudad en general. Tradicional y encantador.

Y como bonus, si queréis comida para llevar o sentaros en algún lugar del canal, los bocadillos de Broodje Mario (Oudegracht y Janskerkhofplein) son famosos en Holanda, y los helados de Roberto Gelato (Poortstraat) también merecen la pena.

Otros lugares que que visitar si estás en Holanda son:

Ámsterdam: la capital, pero creo que se merece una entrada para ella sola.

Giethoorn: o la Venecia verde. Es un pueblecito idílico situado al noreste (cerca de Arnhem) rodeado de canales que se pueden atravesar en barco y de naturaleza. 

Afsluitdijk: el dique que une el extremo noroeste con la provincia de Frisia. Cruzarlo en coche es una experiencia preciosa, con unos paisajes magníficos.

Las islas frisias: yo sólo he ido a Ameland, pero tengo muchas ganas de ver las demás en mi próxima visita a los Países Bajos. En general me gusta mucho visitar islas porque encuentro en ellas un pequeño ecosistema, una forma de vida similar y diferente al país en que se hallan. Ameland tiene un faro situado en un extremo al que se tarda unas dos horas en bicicleta.

Y para terminar, os dejo un poema de Kirsten Stone sobre Utrecht publicado en 3:AM Magazine.

Shorthand

The smell of leeks reminds me of Utrecht in November
the three weeks I spent there with a traveling band of American feminists
eating packets of soup in the hostel lobby, and drinking espresso and smoking inside
so cold always and the leaves a bright red against old brick.
I wore a borrowed coat and we all had nervous breakdowns
I was colder than I had words for, and it was only autumn, thin Southern blood
We read Deleuze in a cement lecture hall and the sky felt too close
the church bells rang anarchy, whenever they felt like it.
We ate leek soup, and chocolate bars in purple paper with a cow on the front.
Extra Romig; I still don’t know what that means.
And I slept in Mahina’s bed every night, partly because I was cold
but also because I wanted to be in love with someone, in this foreign land.
I had to feed strange, ugly coins into a public phone in the middle of the night to call my mother
my voice traveling over six hours and an ocean, a distance that requires abstraction
we talked to each other on two different days.
One night I was lonely and trying to wake Mahina up
so she would move her hand over my hipbone
and still asleep she kissed the back of my neck. The thrill lasted for over an hour;
We should have met at fourteen rather than twenty, we would have been in love then
her goth whimsy drew me in anyway, if I couldn’t be warm I wanted poetry
still homesick, in rural Michigan now, today I remember the Netherlands.

–Kirten Stone (fuente)