domingo, 19 de marzo de 2017

Un poema de Elena Karina Byrne


No lo hagas
por Elena Karina Byrne

para nosotras dos

lo que come el corazón es sobre todo corazón* y
me gustaría, en este jardín que se marchita vencido por el sol, volver a estar hambrienta,
tan hambrienta y asustada por la boca abierta del deseo.
No te lo tomes como una despedida cruel, no vayas tan rápido.
Yo sola temo estar sola, lejos del vocabulario de la sangre. Me gustaría
saber donde dejé el miedo sentado en la infancia, en
el zoo, sentado en las sinuosas escaleras de Escher, diciéndole esto en voz alta
a mi madre muerta, tan alto como si tuviera cabeza de un león en la boca, tan alto
que sobrecogiera a la audiencia para medir el impacto, que nos obligara a volver
a casa para decírselo al padre, muerto y enterrado, el centro de atención
del estallido.
Tú no puedes oír esto, como un eco que responde a destiempo.
Tú también estás muerta en el
corazón del circo, sola
porque todos se han ido, y ya no pueden darte de comer.
No puedes sentarte en el regazo, en la boca, arrodillarte despacio en el suelo;
no puedes sentarte en la trona de cemento, no puedes sentarte en el paisaje de esta habitación,
ahora
prueba del crimen, revivida aquí de nuevo, no puedes llevarme
a ningún lugar, a salvo del deseo del león
que no te comerá, que no me comerá, contemplando
el jardín animal, mientras sacude la cabeza, amarilla como el heno.

*(Nota de la autora): tomado de un poema de Stanley Kutnizt.

Traducción de Emily Roberts.
Versión original en poets.org

martes, 28 de febrero de 2017

Regalar el exilio en Valencia


El próximo sábado 11 de marzo a las 19:00
Llibreria Ambreta (Carrer del Gravador Esteve 11)
Recital junto a Pablo Montforte, autor de Cronología del óxido (Harpo, 2015). 

lunes, 23 de enero de 2017

Diario de Interrail VIII. Lago de Como.


No se viaja a una isla
para encontrar un tesoro.

Se viaja
para enterrarlo.
(María Negroni)

Me sumerjo, y vuelvo a tener el tamaño de la persona que era antes del miedo, de la persona ágil y resbaladiza que se zambullía en cualquier lugar sin importar cuán oscuro o profundo pareciera. Ahora me duelen los huesos cuando intento crecer.

Cuando me baño, tampoco pienso en los peces que me mordisquean los pies en el lago. Ni en las algas y los bichitos que me puedan acechar. Ni en los niños que se lanzan de cabeza contra las rocas. Después me seco al sol, como un reptil, ajena a las palabras tristes. A mi lado, una mujer lee a Elena Ferrante traducida al holandés. Cómo podemos traducir lo que nos duele y no tiene idioma. Quiero aprender el idioma de las chicharras. Quiero aprender aquello que no entiendo, para repetirlo y convertirme en decir, y no ser.

Porque me lanzo al agua y me arrepiento. Ahora mi cuerpo sabe a río. 

Cuando el dolor se evapora, en la arenilla descubro algo que ni siquiera sabía que era mío.